jueves, 18 de diciembre de 2014

La Santísima Virgen María en el Arte y la Oración: La Natividad del Señor de Noël-Nicolas Coypel y el Profeta Isaías

La Santísima Virgen María en el Arte y la Oración: La Natividad del Señor de Noël-Nicolas Coypel y el Profeta Isaías 

Por 

Angel R. Cepeda Dovala

Arte

Noël-Nicolas Coypel (1690-1734) forma parte del talento artístico de Francia, de la Familia Coypel, su padre Noël Coypel nació en París, el 25 de diciembre de 1628 y murió el 24 de diciembre de 1707, realizó trabajos de decoración en el Louvre y en Versalles; fue hermano de Antonie Coypel (1661-1722).

La bellísima obra de la Natividad del Señor de Noël-Nicolas Coypel, fue realizado con la intención de decorar el oratorio de la reina de Versalles, el trabajo lo recibo la Real Comisión en el año 1728. La escena tiene lugar en el establo donde nació el niño Jesús que ilumina todo el lugar, pues Cristo es “la luz del mundo” (Cf. Jn 9, 5), la Virgen María esta con el niño en sus brazos, y san José con sus brazos cruzados sobre su pecho, observan amorosamente a su hijo, él Hijo de Dios, mientras los Ángeles vuelan con gusto, y un toro manso se ha quedado echado en el suelo.


Oración

“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia, como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: «Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz». Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.”

Isaías 9, 1-6

Paz y Bien

ARCD

lunes, 15 de diciembre de 2014

Tercera Semana del Tiempo de Adviento, se acerca el Tiempo de Navidad

Tercera Semana del Tiempo de Adviento, se acerca el Tiempo de Navidad 

Por 

Angel R. Cepeda Dovala

Domingo III del Tiempo de Adviento. Ciclo B.

Al comenzar esta tercera semana de Adviento, encendemos en nuestros corazones como signo de espera gozosa y símbolo de la alegría, la tercera vela de la Corona de Adviento, mediante la cual  progresamos en el tiempo y está muy cerca la Noche Buena y la Natividad del Señor, pero también, durante este tiempo santo, debemos prepararnos y ser humildes como Juan el Bautista, quien con su voz, como el rugido de un León del Desierto de Judá, que se escucha en todo el mundo desde hace más de 20 siglos, dijo: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías», (Cf. Jn 1, 23).

Tiempo de Navidad. Ciclo B.

El Tiempo de Navidad es el más dotado de hermosura y sublime acto de amor de Dios a la humanidad, pues representa el nacimiento del Niño Jesús en Belén, es la Natividad el Señor, hay una preparación litúrgica que conocemos como Tiempo de Adviento que inició el domingo 30 de noviembre y concluye este tiempo fuerte, por la mañana del 24 de diciembre de 2014, con la Misa matutina.

El Tiempo de Navidad comienza con la Misa vespertina de vigilia el 24 de diciembre, después el día 25 es la Natividad del Señor, y se celebran tres misas con sus respectivas lecturas bíblicas: 1. Misa de medianoche, conocida popularmente como Misa de Gallo, 2. Misa de la aurora (Amanecer), y 3. Misa del día (Mediodía); en donde los últimos dos domingos del glorioso Tiempo de Navidad son la Epifanía del Señor (Fiesta de los Reyes Magos) y termina el tiempo santo, con el Bautismo del Señor el 11 de enero de 2015.

A continuación se presentan las lecturas Bíblicas del Tiempo de Navidad 2014-2015, en dos periodos, uno para diciembre 2014, y el otro, es la continuación en el mes de enero 2015.




¡Feliz Navidad y Venturoso Año Nuevo 2015!

Paz y Bien

ARCD 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Nuestra Santísima Virgen María en el Arte y la Oración: La Inmaculada Concepción obra de Tiepolo, y la Oración Memorare de San Bernardo

Nuestra Santísima Virgen María en el Arte y la Oración: La Inmaculada Concepción obra de Tiepolo, y la Oración Memorare de San Bernardo 

Por 

Angel R. Cepeda Dovala

Arte. La Inmaculada Concepción obra de Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770)

Giovanni Battista Tiepolo o Giambattista Tiepolo. Nació en Venecia, Italia, el 5 de marzo de 1696, y muere a la edad de 74 años en Madrid, España, el 27 de marzo de 1770. Fue un sorprendente pintor de la era del Barroco, considerado un personaje muy significativo del Arte Rococó italiano por su gran genio escénico. La obra al óleo de la Inmaculada Concepción del pintor G. B. Tiepolo fue realizada entre los años 1767-1769, y se encuentra en el Museo Nacional del Prado, Madrid, España, con el siguiente comentario: “La Virgen María aparece sobre la bola del Mundo y la media luna, pisando la serpiente del Pecado Original, coronada por la paloma del Espíritu Santo y rodeada por ángeles y por algunos de los símbolos marianos. Éstos son la vara de azucenas, la palmera, la fuente y el espejo. Esta escena muestra la manera tradicional de representar la Inmaculada Concepción de la Virgen, que fue concebida sin pecado original. La obra fue un encargo Real para la Iglesia de San Pascual de Aranjuez. El boceto para este lienzo se conserva en las Courtauld Institute Galleries de Londres.” [1].

Hermenéutica (Interpretación) y Exégesis (Explicación) de la obra de Tiepolo

En la pintura de la Inmaculada Concepción, Tiepolo refleja su admirable talento al plasmar sus pinceladas con animada trasparencia, en donde ejecuta con idoneidad, la amplitud del claroscuro, apreciándose en la pureza de la Virgen María. Posiblemente, su interpretación y representación artística, por los símbolos colocados en el lienzo de 281 cm x 155 cm, puede relacionarse y acercarse al contenido de la narración del Libro del Apocalipsis de Juan, que dice: “Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Cf. Ap 12, 1), pero desde luego, existen semejanzas, pero también diferencias, y lo podemos constatar desde el punto de vista simbólico y metafórico, si consideramos el capítulo 12 en su conjunto, en la Visión de la Mujer y el Dragón. (Cf. Ap 12, 1-17). [2].

Se aprecian colores muy suaves que iluminan la escena nítidamente, la intensa luz dorada, da la sensación de una sabia tranquilidad, en donde el color dorado, con sus distintos matices, es símbolo de la verdad revelada, el esplendor, la santidad y la Gloria de Dios, que puede ser observada en la pañoleta que cubre la cabeza de la Virgen, y cerca de su pie izquierdo, uno de los 13 Ángeles que la rodean en distintas posiciones, lleva un manto dorado el cual es sostenido por el Ángel con el brazo derecho que cubre y protege su vientre, en tanto que su brazo izquierdo sostiene una vara de azucena con flores blancas, atributo relacionado con San Miguel Arcángel, paladín de  Dios, y sus ángeles que combatieron contra el Dragón. (Cf. Ap 12, 7-12).

También el color blanco de la paloma, el vestido de la Virgen, es similar a las flores de azucena,  representa la pureza divina, que contrastan con su cara, sus manos, sus pies, en donde la paloma blanca que desciende del cielo dirigiendo su mirada hacia abajo y su derecha, al igual que la virgen, la paloma simboliza al Espíritu Santo. Alegóricamente, las 12 estrellas de la corona, se pueden percibir 9 de ellas, pero si consideramos la simetría que emplea el excelente pintor Tiepolo, las otras 3 estrellas están ocultas atrás de su cabeza, son un símbolo oculto en su obra, pero las 3 estrellas representan la Santísima Trinidad, pues Dios es Uno y Trino: Padre, Hijo, y Espíritu Santo, en donde el Hijo, está en el Vientre de su Madre, y está representado por el cordel de tela blanco que ciñe su cintura, muestra de su Inmaculada Concepción.

El color azul del manto de la Virgen se asocia con el cielo, la verdad, la vida mística, y el misterio, y forma parte de la tradicional vestimenta de la Virgen María, y también en ocasiones, de Jesús quien es representado con su Manto Sagrado del mismo color; la posición erguida de la Dulce Virgen María, que luce su vestido blanco, símbolo de la pureza divina, contrastan con su cara irradia seguridad, tranquilidad, y con serenidad observa y vigila el mundo y al Dragón, con sus manos juntas  indican una posición de oración, elevando su plegaria al cielo, y sus pies con sus sandalias, muestra el triunfo del bien sobre el mal, pues con su pie derecho destruye al mal de Satán representado por la serpiente-dragón que lleva en la boca el fruto prohibido de la maldad, pero el Dragón (Satanás) que pinto Tiepolo, mientras se apoya con el pie izquierdo en el mundo. En el Apocalipsis de Juan, el Dragón era de color rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas tenía siete diademas (Cf. Ap 12, 3). También existen en la obra otros símbolos, el espejo, la fuente, la palma, y un rosa emblema de la alegría, y recordando que ya está cerca el Domingo III del Tiempo de Adviento, y se encenderá la tercera Vela de Adviento que es de color rosa.


Oración. Memorare de San Bernardo de Clarabal

Memorare

"Acordaos, oh, piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir, que ninguno de los que han acudido a vuestra protección implorando tu auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.

Amén."

La Oración Memorare, es una oración de intercesión a la Santísima Virgen, atribuida a San Bernardo de Clarabal, en francés  Bernard de Clairvaux (1090-1153), quien nació en el castillo de Fontaine-lès-Dijon, Borgoña, Francia. Fue un místico Monje de la Orden de Cister, construyo 68 monasterios en Europa, inspiro y organizó  órdenes militares, como la Orden del Temple y fue Predicador de la Segunda Cruzada, para defender a los peregrinos que se dirigían a Tierra Santa y combatir el Islam. Dejó su legado literario: alrededor de 500 cartas, y unos 350 sermones, además de varios tratados doctrinales, y es el autor de las últimas palabras bellísimas de la Oración Salve: “Oh clemente, oh piadosa, oh dulce virgen María”. La Iglesia Católica canonizó a san Bernardo el año 1174, y lo declaró en 1830 Doctor de la Iglesia.

En la Audiencia General del miércoles 21 de octubre de 2009, el Papa Benedicto XVI menciono: Sólo Jesús —insiste san Bernardo ante los complejos razonamientos dialécticos de su tiempo—, sólo Jesús es "miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón" (mel in ore, in aure melos, in corde iubilum)". Precisamente de aquí proviene el título, que le atribuye la tradición, de Doctor mellifluus: de hecho, su alabanza de Jesucristo "fluye como la miel". [3].

Paz y Bien

ARCD 

Notas

[1] Cf. La obra la Inmaculada Concepción de Giovanni Battista Tiepolo, en:

[2] Cf. Biblia Jerusalén, en lo referente al Libro del Apocalipsis de Juan (Ap 12, 1-17) pp 1832-1833.

[3] Cf. Benedicto XVI. Audiencia General. Miércoles 21 de octubre de 2009
 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Reflexión semanal en el 2° Domingo de Adviento

Reflexión semanal en el 2° Domingo de Adviento 

Por 

Angel R. Cepeda Dovala

En este 2° Domingo del Tiempo de Adviento del Ciclo B, las Lecturas Bíblicas fueron: 1ª Lectura del Profeta Isaías 40, 1-5. 9-11, 2ª Lectura de la 2ª Carta del Apóstol San Pedro 3, 8-14, y el Evangelio de san Marcos 1, 1-8, en donde se nos hace una atenta invitación de Preparación para la venida de Cristo, pues san Pedro nos dice: “Con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva” (Cf. 2 Pe 3, 13) y san Marcos menciona: “Como está escrito en el libro del Profeta Isaías: "Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos", así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. (Cf. Mc 1, 2-4).

Santo Evangelio y el Profeta Isaías

El Santo Evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, concuerdan con lo indicado con el Libro del Profeta Isaías en el capítulo 40, versículo 3, que tiene que ver con el Adviento para preparar el camino del Señor, pues el Evangelio nos dice: "Preparen el camino del Señor, allanad sus senderos" (Cf. Mt 3, 3; Mc 1, 3; Lc 3, 4; Jn 1, 23; y medítelo con Is 40,3).

Profeta Isaías

El Profeta Isaías nos invita a preparar el camino del Señor: “¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (Cf. Is 40, 3) ¿Para qué? Para enderezar nuestro sendero en la vida terrenal en camino hacia la vida celestial.

San Pedro

San Pedro, nos invita a mirar con esperanza a un cielo nuevo y a una tierra nueva, y estar preparados para la segunda venida de Cristo, para que Él habite en nuestros corazones, donde habitara la justicia y en nuestro encuentro con Jesús, nos debe de encontrar en paz: “Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.” (2 Pe 3, 13-14).

San Marcos

San Marcos en su Evangelio, desde el inicio en el Capítulo 1, versículo 1: “Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.” (Cf. Mc 1, 1), nos enseña Génesis (Comienzo) del Evangelio (Buena Noticia) de Jesús (Cristo), y nos dice que Él Es el Mesías, Él es el Hijo de Dios. La palabra “Comienzo”, nos remonta al Antiguo Testamento, pues el primer libro del Pentateuco: el Génesis, quiere decir Comienzo, y nos recuerda: “Al principio Dios creó el cielo y la tierra” (Cf. Gn 1, 1). También en el Capítulo 1 del Evangelio de san Marcos, nos presenta la Predicación en el Desierto de Juan el Bautista, predicación de quien bautizaba en el río Jordán, vestía con piel de camello y se alimentaba de langostas y miel silvestre y que proclamó: “«Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo; y no soy digno de inclinarme y desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» (Cf. Mc 1, 2-8), en donde nosotros estamos llamados también, a dar testimonio ejemplar de la luz y la verdad del Señor, a semejanza de Juan el Bautista.

Jesucristo

Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el Ungido, el Mesías, quiere que nuestras palabras y nuestras acciones sean compartidas con alegría, verdad y entusiasmo conforme al Evangelio, la Buena Noticia.

Oración para iluminar nuestros corazones y vivir en paz

Que la luz de Dios ilumine nuestros corazones, a través de los dones que Él nos regala de humildad y de sabiduría para vivir en paz y armonía, por la Santísima Virgen María, con el Espíritu Santo y  por Nuestro Señor Jesucristo que vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.

Paz y Bien

ARCD

viernes, 5 de diciembre de 2014

martes, 2 de diciembre de 2014

Reflexión Semanal del Domingo I del Tiempo de Adviento 2014: El Cristianismo es el Adviento mismo y se orienta hacia una dirección única

Reflexión Semanal del Domingo I del Tiempo de Adviento 2014: El Cristianismo es el Adviento mismo y se orienta hacia una dirección única

Por 

Angel R. Cepeda Dovala

Adviento quiere decir “venida”. Por tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para qué viene? Enseguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta, que se utilizaba como establo para el ganado. 
San Juan Pablo II

Dentro de las abundantes enseñanzas llenas de sabiduría que nos legó su Santidad Juan Pablo II en distintos momentos históricos, existen pensamientos que nos invitan a la Reflexión sobre el Tiempo de Adviento, dos de ellos, se conjuntan sobre el siguiente subtitulo en el presente escrito.

El Cristianismo es el Adviento mismo y se orienta hacia una dirección única.

1. En la Catequesis sobre el Adviento de S.S. Juan Pablo II, en la Audiencia General de los miércoles, 29 de noviembre de 1978 mencionó:

El cristianismo brota de una relación particular entre Dios y el hombre. En los últimos tiempos —en especial durante el Concilio Vaticano II— se discutía mucho sobre si dicha relación es teocéntrica o antropocéntrica. Si seguimos considerando por separado los dos términos de la cuestión, jamás se obtendrá una respuesta satisfactoria a esta pregunta. De hecho el cristianismo es antropocéntrico precisamente porque es plenamente teocéntrico; y al mismo tiempo es teocéntrico gracias a su antropocentrismo singular.

Pero es cabalmente el misterio de la Encarnación el que explica por sí mismo esta relación. Y justamente por esto el cristianismo no es sólo una “religión de adviento”, sino el Adviento mismo. El cristianismo vive el misterio de la venida real de Dios hacia el hombre, y de esta realidad palpita y late constantemente. Esta es sencillamente la vida misma del cristianismo. Se trata de una realidad profunda y sencilla a un tiempo, que resulta cercana a la comprensión y sensibilidad de todos los hombres y, sobre todo, de quien sabe hacerse niño con ocasión de la noche de Navidad. No en vano dijo Jesús una vez: “Si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3). [1].

2. En la Visita a la Parroquia Romana De La Natividad De Nuestro Señor, en la Homilía del Santo Padre Juan Pablo II, con motivo del III domingo de Adviento, con fecha 14 de diciembre de 1980, explicó:

Hay diversos advientos. Se repiten cada año, y todos se orientan hacia una dirección única. Todos nos preparan a la misma realidad. Hoy, en la segunda lectura litúrgica, escuchamos lo que escribe el Apóstol Santiago: "Hermanos, tened paciencia, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca". Y añade inmediatamente después: "Mirad que el juez está ya a la puerta'' (5, 7-9).

Precisamente este reflejo deben tener tales advientos en nuestros corazones. Deben parecerse a la espera de la recolección. El labrador aguarda el fruto de la tierra durante todo un año o durante algunos meses. En cambio, la mies de la vida humana se espera durante toda la vida. Y todo adviento es importante. La mies de la tierra se recoge cuando está madura, para utilizarla en satisfacer las necesidades del hombre. La mies de la vida humana espera el momento en el que aparecerá en toda la verdad ante Dios y ante Cristo, que es juez de nuestras almas. [2].

Para profundizar más en el tema Tópicos Culturales, los invita a conocer los dos documentos completos que aparecen indicados en las Notas [1] y [2], en el sitio oficial de la Santa Sede.

Paz y Bien

ARCD

Notas

 [1] Cf. JUAN PABLO II. AUDIENCIA GENERAL. Miércoles 29 de noviembre de 1978.

[2] Cf. VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR. HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II. III domingo de Adviento, 14 de diciembre de 1980.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Inició el Tiempo de Adviento 2014 Ciclo B

Inició el Tiempo de Adviento 2014 Ciclo B 

Por 

Angel R. cepeda Dovala

¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!
Santo Padre Francisco

Significado de Adviento en su Santidad Juan Pablo II

Adviento quiere decir “venida”. Por tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para qué viene?
Enseguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta, que se utilizaba como establo para el ganado.
Esto lo saben los niños, lo saben también los hombres que participan de la alegría de los niños y parece que se hacen niños ellos también la noche de Navidad. Sin embargo, muchos son los interrogantes que se plantean. El hombre tiene el derecho e incluso el deber de preguntar para saber. Hay asimismo quienes dudan y parecen ajenos a la verdad que encierra la Navidad, aunque participen de su alegría. [1].

Significado de Adviento en el Papa Emérito Benedicto XVI

“Como todos sabemos la palabra 'Adviento' significa 'venida', 'presencia', y antiguamente indicaba la llegada del rey o del emperador a una determinada provincia. Para nosotros los cristianos, significa una realidad maravillosa y desconcertante. Dios mismo ha atravesado su cielo y se ha inclinado hacia el hombre; ha forjado una alianza con él, entrando en la historia de un pueblo. Él es el rey que ha bajado a esta pobre provincia que es la tierra, y nos ha obsequiado con su visita asumiendo nuestra carne, haciéndose hombre como nosotros. El Adviento nos invita a recorrer el camino de esta presencia y nos recuerda una y otra vez que Dios no se ha ido del mundo, que no está ausente, que no nos abandona; al contrario, nos sale al encuentro de diferentes maneras que tenemos que aprender a discernir. Y también nosotros, con nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, estamos llamados, día tras día, a entrever esta presencia y dar testimonio de ella en el mundo a menudo superficial y distraído, a hacer que brille en nuestras vidas la luz que ha iluminado la gruta de Belén” Benedicto XVI. [2].

También el Papa Benedicto XVI, en la Celebración de las Primeras Vísperas de Adviento, en la Homilía del Santo Padre Benedicto XVI con fecha 28/Noviembre/2009, [3], y para su comprensión, meditación y reflexión sobre el Tiempo de Adviento, se trascribe textualmente a continuación:

Queridos hermanos y hermanas:

Con esta celebración vespertina entramos en el tiempo litúrgico del Adviento. En la lectura bíblica que acabamos de escuchar, tomada de la primera carta a los Tesalonicenses, el apóstol san Pablo nos invita a preparar la "venida de nuestro Señor Jesucristo" (1 Ts 5, 23) conservándonos sin mancha, con la gracia de Dios. San Pablo usa precisamente la palabra "venida", parousia, en latín adventus, de donde viene el término Adviento.

Reflexionemos brevemente sobre el significado de esta palabra, que se puede traducir por "presencia", "llegada", "venida". En el lenguaje del mundo antiguo era un término técnico utilizado para indicar la llegada de un funcionario, la visita del rey o del emperador a una provincia. Pero podía indicar también la venida de la divinidad, que sale de su escondimiento para manifestarse con fuerza, o que se celebra presente en el culto. Los cristianos adoptaron la palabra "Adviento" para expresar su relación con Jesucristo: Jesús es el Rey, que ha entrado en esta pobre "provincia" denominada tierra para visitar a todos; invita a participar en la fiesta de su Adviento a todos los que creen en él, a todos los que creen en su presencia en la asamblea litúrgica. Con la palabra adventus se quería decir substancialmente: Dios está aquí, no se ha retirado del mundo, no nos ha dejado solos. Aunque no podamos verlo o tocarlo, como sucede con las realidades sensibles, él está aquí y viene a visitarnos de múltiples maneras.

Por lo tanto, el significado de la expresión "Adviento" comprende también el de visitatio, que simplemente quiere decir "visita"; en este caso se trata de una visita de Dios: él entra en mi vida y quiere dirigirse a mí. En la vida cotidiana todos experimentamos que tenemos poco tiempo para el Señor y también poco tiempo para nosotros. Acabamos dejándonos absorber por el "hacer". ¿No es verdad que con frecuencia es precisamente la actividad lo que nos domina, la sociedad con sus múltiples intereses lo que monopoliza nuestra atención? ¿No es verdad que se dedica mucho tiempo al ocio y a todo tipo de diversiones? A veces las cosas nos "arrollan".

El Adviento, este tiempo litúrgico fuerte que estamos comenzando, nos invita a detenernos, en silencio, para captar una presencia. Es una invitación a comprender que los acontecimientos de cada día son gestos que Dios nos dirige, signos de su atención por cada uno de nosotros. ¡Cuán a menudo nos hace percibir Dios un poco de su amor! Escribir —por decirlo así— un "diario interior" de este amor sería una tarea hermosa y saludable para nuestra vida. El Adviento nos invita y nos estimula a contemplar al Señor presente. La certeza de su presencia, ¿no debería ayudarnos a ver el mundo de otra manera? ¿No debería ayudarnos a considerar toda nuestra existencia como "visita", como un modo en que él puede venir a nosotros y estar cerca de nosotros, en cualquier situación?

Otro elemento fundamental del Adviento es la espera, una espera que es al mismo tiempo esperanza. El Adviento nos impulsa a entender el sentido del tiempo y de la historia como "kairós", como ocasión propicia para nuestra salvación. Jesús explicó esta realidad misteriosa en muchas parábolas: en la narración de los siervos invitados a esperar el regreso de su dueño; en la parábola de las vírgenes que esperan al esposo; o en las de la siembra y la siega. En la vida, el hombre está constantemente a la espera: cuando es niño quiere crecer; cuando es adulto busca la realización y el éxito; cuando es de edad avanzada aspira al merecido descanso. Pero llega el momento en que descubre que ha esperado demasiado poco si, fuera de la profesión o de la posición social, no le queda nada más que esperar. La esperanza marca el camino de la humanidad, pero para los cristianos está animada por una certeza: el Señor está presente a lo largo de nuestra vida, nos acompaña y un día enjugará también nuestras lágrimas. Un día, no lejano, todo encontrará su cumplimiento en el reino de Dios, reino de justicia y de paz.

Existen maneras muy distintas de esperar. Si el tiempo no está lleno de un presente cargado de sentido, la espera puede resultar insoportable; si se espera algo, pero en este momento no hay nada, es decir, si el presente está vacío, cada instante que pasa parece exageradamente largo, y la espera se transforma en un peso demasiado grande, porque el futuro es del todo incierto. En cambio, cuando el tiempo está cargado de sentido, y en cada instante percibimos algo específico y positivo, entonces la alegría de la espera hace más valioso el presente. Queridos hermanos y hermanas, vivamos intensamente el presente, donde ya nos alcanzan los dones del Señor, vivámoslo proyectados hacia el futuro, un futuro lleno de esperanza. De este modo, el Adviento cristiano es una ocasión para despertar de nuevo en nosotros el sentido verdadero de la espera, volviendo al corazón de nuestra fe, que es el misterio de Cristo, el Mesías esperado durante muchos siglos y que nació en la pobreza de Belén. Al venir entre nosotros, nos trajo y sigue ofreciéndonos el don de su amor y de su salvación. Presente entre nosotros, nos habla de muchas maneras: en la Sagrada Escritura, en el año litúrgico, en los santos, en los acontecimientos de la vida cotidiana, en toda la creación, que cambia de aspecto si detrás de ella se encuentra él o si está ofuscada por la niebla de un origen y un futuro inciertos.

Nosotros podemos dirigirle la palabra, presentarle los sufrimientos que nos entristecen, la impaciencia y las preguntas que brotan de nuestro corazón. Estamos seguros de que nos escucha siempre. Y si Jesús está presente, ya no existe un tiempo sin sentido y vacío. Si él está presente, podemos seguir esperando incluso cuando los demás ya no pueden asegurarnos ningún apoyo, incluso cuando el presente está lleno de dificultades.

Queridos amigos, el Adviento es el tiempo de la presencia y de la espera de lo eterno. Precisamente por esta razón es, de modo especial, el tiempo de la alegría, de una alegría interiorizada, que ningún sufrimiento puede eliminar. La alegría por el hecho de que Dios se ha hecho niño. Esta alegría, invisiblemente presente en nosotros, nos alienta a caminar confiados. La Virgen María, por medio de la cual nos ha sido dado el Niño Jesús, es modelo y sostén de este íntimo gozo. Que ella, discípula fiel de su Hijo, nos obtenga la gracia de vivir este tiempo litúrgico vigilantes y activos en la espera. Amén.

Con el párrafo anterior termina la Homilía del Papa Emérito Benedicto XVI.

Tiempo de Adviento Ciclo B (30/Noviembre/2014)

Dio inicio del Tiempo de Adviento en el Ciclo B, la Oración Colecta y la Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37) para este Primer Domingo de Adviento fueron:

Oración Colecta

“Concede a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene a nosotros, para que mediante la práctica de las buenas obras, colocados un día a su derecha, merezcamos poseer el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos” Amén. [4].

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37)

Estad alerta, ya que no sabéis cuándo será el tiempo

«En aquél tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 'Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!» (Cf. Mc 13, 33-37). [5].

“Esto es lo que quiere hacer el Señor en Adviento: hablar al corazón de su pueblo y, a través de él, a toda la humanidad, para anunciarle la salvación” Benedicto XVI, 7 de diciembre de 2008.

La enseñanza de Jesús en el Evangelio

El candelabro que nos ilumina, la luz de las candelas que encendemos, en la Corona del Tiempo de Adviento, y en distintos momentos en el Año Litúrgico, es la luz que nos recuerda simbólicamente a Jesucristo nuestro Señor que vence la oscuridad, y nosotros, unidos a Jesús, también somos luz y sal de la tierra, y lo podemos constatar en el Santo Evangelio.

Evangelio de San Juan

«Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.» (Cf. Juan 8,12). En consecuencia a la cita bíblica anterior, Jesús es: Él “Yo Soy”, es la “Luz del mundo”, el que da la “Luz de la vida”.

Evangelio de San Mateo

Nos dice Jesús: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo. (Cf. Mateo 5, 13-16).

Evangelio de San Marcos

“Jesús les decía: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero?” (Cf. Marcos 4, 21).

Evangelio de San Lucas

Cuando uno enciende una lámpara, no la esconde ni la cubre, sino que la pone sobre el candelero, para que los que entran vean la claridad. La lámpara del cuerpo es tu ojo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero si tu ojo está enfermo, también tu cuerpo estará en tinieblas. Ten cuidado de que la luz que hay en ti no se oscurezca. Si todo tu cuerpo está iluminado, sin nada de sombra, tendrá tanta luz como cuando la lámpara te ilumina con sus rayos». (Cf. Lc 11, 33-36).

Paz y Bien

ARCD

Notas

[1] Cf. Catequesis de Juan Pablo II sobre el Adviento I (IV): El Adviento. Roma, 29 de noviembre de 1978, ver discurso de meditación en:

[2] Cf. Benedicto XVI y el Adviento, en:

[3] Cf. CELEBRACIÓN DE LAS PRIMERAS VÍSPERAS DE ADVIENTO. HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI. Sábado 28 de noviembre de 2009. © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana.

[4] Cf. Conferencia del Episcopado Mexicano. 2014. Misal Romano.  Obra Nacional de la Buena Prensa, A.C. Edición típica para México según la Editio Typica Tertia. 2ª edición. México D.F. p. 129. ISBN 968-6056-16-5.

[5] Cf. Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37), en la Biblia Jerusalén. 2009. Editorial Desclée de Brower, en el Instituto de Pastoral Bíblica:

Otra opción para consultar el Evangelio de San Marcos (Mc 13, 33-37), es en el Libro del Pueblo de Dios: la Biblia (Traducción Argentina, 1990):

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